Liminal, de Pablo Armesto, es una pausa suspendida entre cielo y tierra. La obra, tejida con fibras de colores del arcoíris, forma una espiral que conecta techo y suelo, evocando el axis mundi o árbol sagrado —Tamoanchán en las culturas prehispánicas—, símbolo del vínculo entre lo divino y lo terrenal. Armesto, artista trashumante, traslada su exploración más allá de España incorporando materiales locales que sustituyen la luz por color y textura, como las fibras de las sillas Acapulco. En este umbral entre realidad e imaginación, invita al espectador a desenfocar la razón y dejarse guiar por el asombro.