Junio en el Museo Lázaro Galdiano | Ángel Marcos | Talia Chetrit
La casa del agua. Ángel Marcos.
El artista visual Ángel Marcos (Medina del Campo, Valladolid, 1955) presenta en el Museo Lázaro Galdiano "La casa del agua", una instalación y una serie de fotografías agrupadas en temáticas o proyectos de investigación a largo plazo, como gusta hacer, en torno al agua, la casa y el viaje. Una reflexión sobre el hecho de habitar no solo como acto físico, sino como experiencia emocional en la que el paisaje, que sostiene una fuerte carga simbólica, se reconfigura en extensión de la memoria y en refugio desde el que poder comprender el mundo.
Comisariada por Begoña Torres, y con el patrocinio de la Junta de Castilla y León y Fundación Caja Rural de Zamora, además de la colaboración de ADIF, la muestra invita al espectador a detenerse en la instalación que da título a la exposición, ubicada en el Pórtico del Museo: una centenaria caseta guardabarreras a través de la cual el artista construye un diálogo sutil entre la cabaña y el mar para explorar la relación entre lo habitable y lo infinito, lo íntimo y lo público, lo cercano y lo inabarcable.
En la sala Arte Invitado, la serie fotográfica Casas de bombas, casas de riego remite a las casetas que albergan la maquinaria que hace posible el brote del agua en la meseta castellana, adentrando al público en ese escenario en el que el tiempo reivindica la dignidad de lo cotidiano para hablar de la permanencia y de la vida vinculada a la tierra. Un reflejo de la capacidad de la fotografía para transformar lo ordinario en experiencia estética. Y en la Galería, Partir apunta a una constante en el trabajo del artista: el viaje y el mar como espacio de tránsito, cuyas aguas son huellas que albergan historias que no se ven, pero que persisten en cada ola y cada línea del horizonte. Una muestra, quizá para convertirse en "soñadores de casas", como escribía G. Bachelard, aquellos que recrean imágenes de ese primer lugar que habitamos en el mundo y quienes lo presentan gracias a la escritura poética. O de la lectura, a través de la cual se imaginan estos espacios. O de la mirada detenida en el ejercicio creador de la evocación.
Hasta el 28 de junio.
Entre la crudeza y la seducción, entre la intimidad y el desafío. PHotoESPAÑA y el Museo Lázaro Galdiano presentan por primera vez en nuestro país a la fotógrafa Talia Chetrit
Desde el 5 de junio hasta el 30 de agosto, dentro de la Sección Oficial de PHotoESPAÑA, el Museo Lázaro Galdiano alberga "Bunny", la primera exposición individual en nuestro país de la fotógrafa Talia Chetrit (Nueva York, 1982), que llega gracias a FUNDACIÓN LOEWE.
Conocida en el mundo del arte y de la moda por su provocadora exploración de la identidad, la sexualidad y la mecánica de la creación de imágenes, su obra abarca autorretratos escenificados, fotografías familiares íntimas y representaciones crudas del cuerpo, que a menudo revelan la cámara, el estudio o la puesta en escena dentro del encuadre. Una práctica que evidencia la conexión entre performance y fotografía y difumina la línea entre lo público y lo privado, la ficción y la realidad, utilizando la propia fotografía como sujeto y herramienta para examinar el control, la autoría, la curiosidad, la intimidad y el paso del tiempo. "Aunque sabemos que el momento es performativo, también entendemos que hay una realidad incrustada en la actuación. Es una relación con la que me gusta jugar", explica. El trabajo de Chetrit oscila entre la dirección activa y la mera documentación de sus sujetos. Por ejemplo, las fotografías de su pareja, Denis, y su hijo Roman así lo evidencia: "Los niños pequeños son sujetos incontrolables debido a su edad, lo cual rompe la barrera de la actuación. Con los adultos es contenida y confunde", cuenta la fotógrafa, a quien le interesa invitar al público a reflexionar sobre cómo las imágenes construyen la percepción, la creencia y el deseo.
"Bunny" reúne una veintena de imágenes que abarcan desde sus inicios hasta piezas inéditas. La selección refleja temas y enfoques recurrentes en la práctica de la artista, que se mueve de manera lúdica entre retrato, fotografía escenificada (tableaux) e inquietantes naturalezas muertas: desde escenas crudas y seductoras de entornos, cuerpos, objetos y esas fotos familiares y personales, hasta perspectivas más anecdóticas de momentos cotidianos que parecen escapar a los límites del tiempo y el espacio, capturando fascinaciones y paradojas humanas que a veces recuerdan a la pintura clásica. En todas ellas se insinúan las narrativas íntimas y psicológicas que atraviesan su trabajo, muchas veces casi de manera inesperada y desde múltiples puntos de vista, construyendo un espacio donde lo visible y lo oculto coexisten en permanente tensión. "Si tuviera que buscar un hilo conductor, sería el uso de mi vida personal y el archivo de mis imágenes para debatir sobre las dinámicas de poder. Siento que se pierde mucho al intentar que diferentes conjuntos de obras encajen a la perfección. Para mí, la parte más interesante de mi trabajo está en los límites, donde la concisión se desmorona", explica Chetrit.
En "Bunny", la fotografía vuelve a convertirse en medio y en objeto, las imágenes se superponen, se expanden, se transforman. Presentadas en diferentes escalas -desde impresiones íntimas hasta imágenes de gran tamaño-, parecen composiciones precisas, con una iluminación cruda y poses a veces desafiantes, gracias a las cuales crea una secuencia rítmica que moldea el acto de mirar. Las impresiones en blanco y negro invitan a una observación íntima, mientras que las fotografías a gran formato en color imponen su presencia física.
El trabajo de Talia Chetrit está impregnado de preguntas sobre la fotografía, sobre cómo nos ha transformado, tanto individualmente como en sociedad. "Tras el COVID y en medio de tantas pérdidas, me sigo cuestionando qué hemos ganado. ¿Qué valoramos y qué dejamos atrás? ¿Cómo seguimos adelante?", concluye.
Desde el 5 de junio hasta el 30 de agosto.
Horario en el mes de junio: De martes a viernes de 9:30 a 15:00. Sábados y domingos de 9.30 a 15:00.
Calle Serrano 122. Madrid.